viernes, 17 de diciembre de 2010

JOVENES Y MEMORIA

   Durante el mes de Octubre tuve la dicha de viajar a Chapadmalal con un grupo de alumnos del CEP Nº 6º "Mariano Moreno" de Sáenz Peña. Esto en el marco del Programa Jóvenes y Memoria: recordemos para el futuro.
    La delegación presentó un video elaborado por alumnos de 2º5º bajo la coordinación del Prof. Sergio Acosta. El mismo trata sobre la situación de post-guerra vivida por los excombatientes locales. Un video sumamente emocionante y humano. Un trabajo que el público, mayormente adolescente, aplaudió de pie. Mis felicitaciones a los chicos y a mi colega...¡¡¡excelente trabajo!!



    Quiero agradecer a la Directora del CEP Nº6, Prof. Graciela Lorenzo,  y a todos mis colegas, por el apoyo y el acompañamiento permanente.

sábado, 17 de julio de 2010

ACTIVIDAD Nº1 - Ética


EUTANASIA...¿MUERTE DIGNA?

CONSIGNA
  1. * Formen grupos de no más de 3 alumnos
    * Teniendo en cuenta la película "Mar adentro", que relata la historia de Ramón Sampedro, respondan las siguientes preguntas con un máximo de 15 renglones.
PREGUNTAS
  1. Éticamente ¿con cuál de las posturas asumidas por las personas que rodeaban al protagonista de la película, Ramón Sampedro, se sienten identificados? ¿Por qué?
  2. ¿Qué acción puede considerase "buena", en el caso que nos plantea el filme, elegir por la vida o por la muerte? ¿En qué criterios de acción ética se basan para responder esta pregunta?
  3. ¿Por qué creen que la abogada, que al principio estaba dispuesta ayudar a Ramón Sampedro a terminar con su vida, luego cambia de parecer?
  4. En la película hay varias personas que tratan de ayudar al protagonista a recorrer su difícil camino, que pertenecen a la asociación "Derecho a una Muerte Digna" (DMD). Busquen en internet su sitio web y realicen un breve informe de la postura ética que sostiene el grupo. ¿Están de acuerdo con esta postura? ¿Por qué?
  5. Según su íntima convicción, ¿es posible hablar de una muerte digna? Justifiquen su respuesta
Fecha de entrega:
La entrega del trabajo se hará por email a la siguiente dirección: moni65@live.com.ar o a través del portafolios. En cualquier caso deberán constar: TÍTULO DEL TRABAJO, NOMBRE DE LOS INTEGRANTES DEL GRUPO Y CURSO

viernes, 6 de febrero de 2009

CREER Y CONFIAR


Amigos míos, quiero compartir algo que encontré en el "cristo hoy" del 04/02/09 ...

" Una vez se encontraron una hoja de banano y un ladrillo de adobe. La hoja dijo: '¡Soy poderosa! Cuando el sol brilla con toda su fuerza, soy capaz de dar sombra. Cuando llueve, soy capaz de proteger del agua'. Por su parte, el ladrillo de barro dijo: '¡Yo también soy poderoso! Si el viento soplara con todas sus fuerzas, podría protegerte de él poniéndome encima tuyo. ¡No saldrías volando!'. Ambos decidieron asociarse y caminar juntos.

Cuando el sol salía, la hoja decía al ladrillo de barro: '¡Aquí está tu sombra!'. Cuando llovía...'¡No te preocupes! ¡El agua no podrá deshacerte!'.

Así pasó mucho tiempo. La suma de sus poderes les permitían dominar el sol, la lluvia y el viento.

Todo fue muy bien hasta que, un día, el viento y la lluvia se presentaron juntos. Entonces...la hoja voló yel ladrillo se mojó..."

Ni siquiera apoyándonos en alguien poderoso podemos encontrar respuestas. No hay cosa material ni humana que tenga respuesta a todas nuestras preguntas. Sólo Dios. Sólo él puede dar razón y sentido a todo en nuestra vida, a los días de sol y a los de tormenta, porque todo ocurre por algo y para algo. Solo cuando reconozcamos esta realidad, solo cuando aprendamois a abandonarnos en sus manos, podremos alcnazar un equilibrio entre lo espiritual y lo material. Nada de esto encontraremos en una fuerza humana, por eso solo los que se esfuerzan en alcanzar los valores terrenales descubriendo los valores espirituales logran la paz interior que acarrea la felicidad. Ya lo decía el mismo Aristóteles "la felicidad consiste en alcanzar el Sumo Bien".

DIOS LOS BENDIGA!!!!

jueves, 18 de diciembre de 2008

MI PADRE Y UN …“TE QUIERO”

(Continuación)

Una etapa de mi vida terminaba para dar paso a la incertidumbre de lo desconocido, sin embargo, la esperanza y la ilusión de la aventura le ganó terreno a la desilusión y, ya a mitad de camino, la amargura se había quedado a descansar en algún recodo y mi corazón iba cantando y saltando al compás de mi alegría. Mi hermano se dio cuenta de mi entusiasmo y de un zarpazo intentó matármelo “¡Ja! Bailá nomás, dale aprovechá que cuando lleguemos el viejo te va a sacar hasta las ganas de hablar”. “¿Qué viejo? ¿Hay abuelos en la escuela?” Aún en mi ignorancia de estudiante primerizo, comprendí que la risotada de sus compañeros no fue de festejo sino de burla, otra vez, levanté la cabeza, apreté mi bagaje cultural bien fuerte bajo el brazo y alargué el paso. Quizás en serio, quizás en broma me dejaron hacer por lo que llegué uno o dos minutos antes que ellos.

La escuela brillaba en la limpieza de sus colores recién estrenados, me fascinó porque mi recuerdo era el de la escuelita de adobe con techo de paja donde papá había sido director, maestro, portero, médico, creo que le faltó ser alumno nomás, así que este edificio que emanaba solidez, frescura, limpieza, equilibrio, paz (reinaba un silencio solo interrumpido por los miles de pájaros ocultos en la fronda de los árboles) solo podía albergar el saber. Con esa convicción crucé el umbral. Allí estaba: magnífico, orgulloso de su función, erigido en dueño y señor absoluto en el centro mismo del patio esperando paciente la llegada de los pequeños que formarían a su frente, rígido y perfecto en su postura, el mástil se elevaba tanto que pensé que si lo trepaba podía llegar a tocar las nubes. Jamás había visto algo igual, ese palo largo era perfecto para treparse y poder espiar a los vecinos, recuerdo que deseé con el alma tener uno en el fondo de casa. “¡Qué bien me vendría para cuando jugamos a los piratas con Raúl y Héctor! ¡O para tirarle huevos podridos a Marcelina!” Era una mocosa engrupida que jamás compartía nada con nadie, así que era el centro de nuestros escarnios mejor planeados. Éramos tres rapaces incorregibles a los cuales los sermones solo significaban un compás de espera, muy útil para recuperar el aliento y las fuerzas. (Continuará)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

MI PADRE Y UN …“TE QUIERO”

Corría el año 1940, yo tenía seis años y pronto empezaría la escuela primaria. El entusiasmo era tan alto y abrumador como el miedo: mi padre era el director y ya me había dejado muy en claro que no tendría privilegios. Ni siquiera tenía idea de qué era eso, pero ante el temor de ser reprendido, opté por no indagar demasiado. Si él lo había dicho, pues así sería.
El gran día llegó, y para mi desilusión mi padre hacía rato que estaba en la escuela, me tocaría caminar solo los tres kilómetros que separaban mi casa del edificio escolar. Bueno, en realidad iría acompañado de otros gurrumines y algunos energúmenos que se la daban de hermanos mayores responsables y sabihondos cuando en realidad lo único a lo que se dedicaban era a ver cuál de los pequeños lloraba primero y más fuerte. Con ese panorama, y considerando que mi padre no me había esperado, las ilusiones del primer día de escuela se evaporaron como la gota de sudor en pleno verano. A pesar de todo, y escuchando la voz de mi padre: “los hombres no lloran, levante la cabeza, límpiese los mocos y lávese la herida… o haga lo que le pidieron….o levante lo que se le cayó y siga,”, en fin, el final de la frase dependía de lo ocurrido, pero el comienzo era siempre igual, levanté la cabeza, me limpié los mocos con el dorso de la mano y oculté mis lágrimas en la manga del saco dominguero que mamá me mandó usar por ser primer día de escuela, luego, tomé el cuaderno con olor a fresco, la cartuchera que ella me había fabricado con un pantalón viejo de Francisco, mi hermano mayor, y lo até todo con mi soga vieja, la misma con la que solía enganchar mi carrito de cajón de verduras para pasear a Rigoberto el gato de mi abuela. Mamá me abrazó y me llenó de besos, recuerdo haber sentido desconcierto porque yo sabía que solo iba a la escuela y que a la tarde estaría de vuelta, pero ella me despedía como si no fuera a verme más. No podía comprender por qué cada despedida era un nuevo dolor para ella. Cuando fui padre y debí despedir a mi niño en la puerta de su primer grado comprendí el dolor de mi madre: los hijos empiezan a irse y nosotros solo podemos acompañarlos al andén y desearles buen viaje. (CONTINUARÁ)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Otra vez, AGRADECIMIENTO

Gracias NENE no solo por seguir el blog (eso da ganas de mantenerse en la tarea emprendida) sino por las sugerencias con respecto al cuento. ¡Están muy buenas! Te cuento que te considero uno de mis mejores críticos y las voy a poner en práctica.
te quiero
Moni

lunes, 8 de diciembre de 2008

EL CHISMOSO (final)

(.......) con una ternura infinita retiró el arma de las manos de ella y se quitó sin más el dolor de encima. Su cuerpo fláccido cayó sobre el de su amada y en su rostro había paz, casi se veía una sonrisa. A estas alturas, el bautismo había quedado para otro día, en medio de la calle estaba el pueblo entero esperando el desenlace de la tragedia y, entre medio de todos, el abejaruco. Muy callado, muy serio se abrió paso casi sin tocar a nadie. Cuando llegó a la puerta principal la hizo girar sobre sus goznes con sigilo pero sin dudar y entró, nadie más lo hizo. Subió hasta donde sabía que estaba el resultado de su labor. Estaba presenciando el cuadro de horror cuando llegó el hermano. Cayó de rodillas con la cabeza entre las manos y el pecho arrebatado de tanto dolor. ¿Qué hice? ¡Dios mío! Y lo repitió hasta el infinito mientras abrazaba a uno y a otro como queriendo darles vida otra vez. El abejaruco se quedó en un rincón, esperando, deseando ser visto, condenado. Pero el doliente no podía ver otra cosa que su egoísmo ensangrentado. Y, antes que el chismoso pudiera hacer nada, se disparó el último tiro.
Al salir, los curiosos lo atropellaron queriendo saber qué había pasado ¡Cuente, Don! ¿Qué pasó? ¡Cuente, cuente! Nada, que otra vez no tuve suerte. Contestó. La gente lo miró con desconcierto, pero al segundo habían vuelto la cabeza a la casona concentrados en el movimiento de policías y doctores. Solo una niñita notó que el abejaruco caminaba más encorvado que antes, como si sobre sus espaldas llevara una pesada carga. "
Bueno... espero que les haya gustado. Pronto presentaré otro.
los quiero mucho