jueves, 18 de diciembre de 2008

MI PADRE Y UN …“TE QUIERO”

(Continuación)

Una etapa de mi vida terminaba para dar paso a la incertidumbre de lo desconocido, sin embargo, la esperanza y la ilusión de la aventura le ganó terreno a la desilusión y, ya a mitad de camino, la amargura se había quedado a descansar en algún recodo y mi corazón iba cantando y saltando al compás de mi alegría. Mi hermano se dio cuenta de mi entusiasmo y de un zarpazo intentó matármelo “¡Ja! Bailá nomás, dale aprovechá que cuando lleguemos el viejo te va a sacar hasta las ganas de hablar”. “¿Qué viejo? ¿Hay abuelos en la escuela?” Aún en mi ignorancia de estudiante primerizo, comprendí que la risotada de sus compañeros no fue de festejo sino de burla, otra vez, levanté la cabeza, apreté mi bagaje cultural bien fuerte bajo el brazo y alargué el paso. Quizás en serio, quizás en broma me dejaron hacer por lo que llegué uno o dos minutos antes que ellos.

La escuela brillaba en la limpieza de sus colores recién estrenados, me fascinó porque mi recuerdo era el de la escuelita de adobe con techo de paja donde papá había sido director, maestro, portero, médico, creo que le faltó ser alumno nomás, así que este edificio que emanaba solidez, frescura, limpieza, equilibrio, paz (reinaba un silencio solo interrumpido por los miles de pájaros ocultos en la fronda de los árboles) solo podía albergar el saber. Con esa convicción crucé el umbral. Allí estaba: magnífico, orgulloso de su función, erigido en dueño y señor absoluto en el centro mismo del patio esperando paciente la llegada de los pequeños que formarían a su frente, rígido y perfecto en su postura, el mástil se elevaba tanto que pensé que si lo trepaba podía llegar a tocar las nubes. Jamás había visto algo igual, ese palo largo era perfecto para treparse y poder espiar a los vecinos, recuerdo que deseé con el alma tener uno en el fondo de casa. “¡Qué bien me vendría para cuando jugamos a los piratas con Raúl y Héctor! ¡O para tirarle huevos podridos a Marcelina!” Era una mocosa engrupida que jamás compartía nada con nadie, así que era el centro de nuestros escarnios mejor planeados. Éramos tres rapaces incorregibles a los cuales los sermones solo significaban un compás de espera, muy útil para recuperar el aliento y las fuerzas. (Continuará)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

MI PADRE Y UN …“TE QUIERO”

Corría el año 1940, yo tenía seis años y pronto empezaría la escuela primaria. El entusiasmo era tan alto y abrumador como el miedo: mi padre era el director y ya me había dejado muy en claro que no tendría privilegios. Ni siquiera tenía idea de qué era eso, pero ante el temor de ser reprendido, opté por no indagar demasiado. Si él lo había dicho, pues así sería.
El gran día llegó, y para mi desilusión mi padre hacía rato que estaba en la escuela, me tocaría caminar solo los tres kilómetros que separaban mi casa del edificio escolar. Bueno, en realidad iría acompañado de otros gurrumines y algunos energúmenos que se la daban de hermanos mayores responsables y sabihondos cuando en realidad lo único a lo que se dedicaban era a ver cuál de los pequeños lloraba primero y más fuerte. Con ese panorama, y considerando que mi padre no me había esperado, las ilusiones del primer día de escuela se evaporaron como la gota de sudor en pleno verano. A pesar de todo, y escuchando la voz de mi padre: “los hombres no lloran, levante la cabeza, límpiese los mocos y lávese la herida… o haga lo que le pidieron….o levante lo que se le cayó y siga,”, en fin, el final de la frase dependía de lo ocurrido, pero el comienzo era siempre igual, levanté la cabeza, me limpié los mocos con el dorso de la mano y oculté mis lágrimas en la manga del saco dominguero que mamá me mandó usar por ser primer día de escuela, luego, tomé el cuaderno con olor a fresco, la cartuchera que ella me había fabricado con un pantalón viejo de Francisco, mi hermano mayor, y lo até todo con mi soga vieja, la misma con la que solía enganchar mi carrito de cajón de verduras para pasear a Rigoberto el gato de mi abuela. Mamá me abrazó y me llenó de besos, recuerdo haber sentido desconcierto porque yo sabía que solo iba a la escuela y que a la tarde estaría de vuelta, pero ella me despedía como si no fuera a verme más. No podía comprender por qué cada despedida era un nuevo dolor para ella. Cuando fui padre y debí despedir a mi niño en la puerta de su primer grado comprendí el dolor de mi madre: los hijos empiezan a irse y nosotros solo podemos acompañarlos al andén y desearles buen viaje. (CONTINUARÁ)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Otra vez, AGRADECIMIENTO

Gracias NENE no solo por seguir el blog (eso da ganas de mantenerse en la tarea emprendida) sino por las sugerencias con respecto al cuento. ¡Están muy buenas! Te cuento que te considero uno de mis mejores críticos y las voy a poner en práctica.
te quiero
Moni

lunes, 8 de diciembre de 2008

EL CHISMOSO (final)

(.......) con una ternura infinita retiró el arma de las manos de ella y se quitó sin más el dolor de encima. Su cuerpo fláccido cayó sobre el de su amada y en su rostro había paz, casi se veía una sonrisa. A estas alturas, el bautismo había quedado para otro día, en medio de la calle estaba el pueblo entero esperando el desenlace de la tragedia y, entre medio de todos, el abejaruco. Muy callado, muy serio se abrió paso casi sin tocar a nadie. Cuando llegó a la puerta principal la hizo girar sobre sus goznes con sigilo pero sin dudar y entró, nadie más lo hizo. Subió hasta donde sabía que estaba el resultado de su labor. Estaba presenciando el cuadro de horror cuando llegó el hermano. Cayó de rodillas con la cabeza entre las manos y el pecho arrebatado de tanto dolor. ¿Qué hice? ¡Dios mío! Y lo repitió hasta el infinito mientras abrazaba a uno y a otro como queriendo darles vida otra vez. El abejaruco se quedó en un rincón, esperando, deseando ser visto, condenado. Pero el doliente no podía ver otra cosa que su egoísmo ensangrentado. Y, antes que el chismoso pudiera hacer nada, se disparó el último tiro.
Al salir, los curiosos lo atropellaron queriendo saber qué había pasado ¡Cuente, Don! ¿Qué pasó? ¡Cuente, cuente! Nada, que otra vez no tuve suerte. Contestó. La gente lo miró con desconcierto, pero al segundo habían vuelto la cabeza a la casona concentrados en el movimiento de policías y doctores. Solo una niñita notó que el abejaruco caminaba más encorvado que antes, como si sobre sus espaldas llevara una pesada carga. "
Bueno... espero que les haya gustado. Pronto presentaré otro.
los quiero mucho

domingo, 7 de diciembre de 2008

EL CHISMOSO (Continuación)

(Continuamos con el cuento)
Ahí se va otra vida tirada a la basura, ¡qué duros de entendedera que son algunos! y, con la cabeza gacha, entró a la casucha para empezar a correr la bola de que la novia no solo no era virgen sino que además, hace varios años hizo una película de esas que pone colorado al más atorrante y, para colmo, fue novia de media comisaría, no quedó uniformado que no visitara su celda. En fin, se dijo a sí mismo, si fuese un poco más inteligente y menos calentón se daría cuenta que está arruinando tres vidas, no solo una. Al cabo de tres días, la hermana, despechada por el novio, después de insultar a su hermano en medio de una ceremonia de bautismo de un sobrino lejano del abejaruco, se fue a su casa, se puso el vestido de encaje blanco, acomodó el velo de gasa cubriendo las lágrimas y, con el ramo en una mano y la pistola en la otra, se voló la tapa de los sesos. El disparo se escuchó en todo el pueblo. El primero en llegar fue el novio. Al verla ahí deshecha entre gasas y encajes, cayó en la cuenta de que la amaba así hubiese sido la más atorranta de todas, ella era su amor, la que le daba sentido a todo. Se sintió el infeliz más grande de la tierra, de pronto, sus ojos tomaron el brillo de la locura, (CONTINUARÁ)

jueves, 4 de diciembre de 2008

CUENTOS

Hoy comienzo una etapa de "cuentera", eeehh, ¡perdón!, cuentista, narradora, relatora, en fin, a partir de hoy presentaré los cuentos que escribí pero, no de una como el primero, sino, por etapas. Por favor, digan que les parece, en la medida que dejen sus comentarios es en la medida que este rinconcito se mantendrá con vida y crecerá.
Recuerden ... ¡Los quiero MUCHO!


EL CHISMOSO
Era un abejaruco de la peor calaña, sus chismes creaban siempre las mejores disputas y, cuando los hermanos, los amigos o los parientes querían romper relaciones, lo llamaban, lo anoticiaban y lo mandaban a ejercer el oficio que mejor le salía: el de chismoso. No cobraba nada, sólo pedía poder presenciar las peleas y discusiones, “aprendo cosas”, decía. Nadie sabía con exactitud qué aprendía, pero como lo hacía gratis y uno tenía la pelea garantizada, nunca se le discutió la condición.
Una mañana, apareció en su casucha el hermano de la novia de su mejor amigo solicitando con urgencia sus servicios. Como siempre, el abejaruco se tomó su tiempo y le preguntó si estaba seguro de lo que quería hacer, el otro le dijo que sí sin detenerse ni un segundo a recapitular. Bien, comencemos entonces, mandó el chismoso. El visitante comenzó con la noticia: pasa que mi mejor amigo se va a casar dentro de cinco días y yo no puedo permitirlo. ¿Por qué?, preguntó el dueño de casa. Porque estoy enamorado. El otro levantó la vista sorprendido ¿De su hermana? No, bruto, de mi mejor amigo. El abejaruco paró de escribir, había escuchado por ahí que existían tipos raros que se casaban con otros tipos igual de raros, pero nunca le había dado importancia, siempre pensó que eran inventos de otros más chismosos que él. Y ahora estaba sentado frente a uno, por puro instinto alejó la silla unos centímetros. El eunuco percibió el movimiento efímero, pero real, y no le dio importancia, se estaba acostumbrando a ese tipo de reacciones, era evidente que la gente aún no estaba lista para los de su clase. Bueno, ¿Va a hacer el trabajo o no? exigió. Por supuesto, pero repasemos: usted quiere que estos dos se peleen así se queda con el novio para usted solito ¿no? ¡Exacto! ¿Y cómo sabe que él quiere quedarse con usted? Bueno… en realidad no sé, pero si dejo que se case pierdo la única posibilidad que tengo ¿no cree? Sí, es cierto. Pero, también es cierto que si no lo ama como usted a él y le quita la única posibilidad de ser feliz, lo va a odiar por siempre y lo va a perder hasta como amigo. ¿Está seguro, seguro de querer arriesgar todo por una cosa de suerte nomás? El otro se enderezó en la silla y con un dejo de orgullo contestó: Prefiero perderlo para siempre que verlo en los brazos de mi hermana. El abejaruco meneó la cabeza y se resignó, al fin y al cabo él era solo el chismoso del pueblo, nadie le daba importancia a las cosas que veía y que nadie más tenía en cuenta. Cerró su libreta y extendió la mano para cerrar trato. Mientras el visitante se alejaba, el chismoso sintió un dejo de tristeza. (CONTINUARÁ)

martes, 2 de diciembre de 2008

Madre de adolescente

Hola gente linda!

Hoy estoy un poco depre, tengo una duda, ser madre (padre) de un adolescente hoy ¿es tan difícil y duro o solo son imaginaciones mías? A los de 40 para arriba, padres ya, ¿no les pasa que cuando el bestia en cuestión reacciona uno se siente desubicado, impotente, furioso, total y por completo desvalido? Porque, seamos sinceros, vienen caminando a paso firme respecto a sus derechos y exigencias, pero... la marcha se torna un mero paseo dominical cuando hacemos referencia a que también existen las obligaciones. Entonces, aparece el mp3 o 4 o 5 o ya ni sé que número! y el tiempo para dialogar ¡Oh! ¡Se les terminó!
La paciencia ¿hasta cuándo? Digo, porque a mí se me está acabando. Y...¿si eso pasa ..qué sigue? Bueno, tireneme ideas para manejar a mi dulce adolescente.-
Mientras les mando un poema que fue seleccionado hace poco por DNA Ed. para formar parte de una Antología

LA LUCHA

VIVIR..., EL SOLO VIVIR ES UNA LUCHA.
CADA DÍA QUE AMANECE
NOS TRAE UN NUEVO DESAFÍO:
PODER VENCERSE A UNO MISMO.
VENCER MIS ASPEREZAS,
SUPERAR LAS AMARGURAS,
IGNORAR LOS DESPLANTES,
REGALAR UNA SONRISA
A PESAR DE MI DESGANO.
DEJAR DE PONERME EN JUEZ DEL OTRO
Y MIRAR MI PROPIA VIDA
CON OJO CRÍTICO, PERO PIADOSO.
REEMPLAZAR EL ODIO POR AMOR,
LA ENVIDIA POR ADMIRACIÓN,
GANARSE EL PROPIO CORAZÓN
PARA ENTREGAR A OTROS
LO QUE A NOSOTROS NOS HAN NEGADO:
RESPETO, COMPRENSIÓN,
PERDÓN, TERNURA,
CALMA, TOLERANCIA,
LA PACIENCIA Y EL AMOR.
SOLO GANÁNDONOS,
DÍA A DÍA, CADA MAÑANA
PODREMOS APRECIAR DE VERAS
UN NUEVO AMANECER.
LA LUCHA NO ACABA
AL ANOCHECER...
TAN SOLO REPOSA EL GUERRERO
PARA RETOMAR LAS ARMAS
CON FUERZAS NUEVAS,
PORQUE NO HAY MEJOR CONTRINCANTE
QUE NUESTRO PROPIO SER.
Bueno, espero que les haya gustado.
Un beso enorme para todos y gracias por estar ahí.
LOS QUIERO MUCHO

sábado, 29 de noviembre de 2008

HOLA GENTE LIINDAAA!!! AQUÍ LES DEJO EL PRIMER CUENTO QUE ESCRIBÍ. ¡¡¡QUE LO DISFRUTEN!!!!
NO SE OLVIDEN... LA VIDA ES CORTA ¡¡¡¡¡DISFRUTEN!!!
LOS QUIERO UN MONTÓN
Las sandías

El abuelo tomó el machete y de un solo tajo partió la sandía a la mitad. Los ojos del niño parecían dos lunas llenas y su boca mostraba la ansiedad contenida por la colorada pulpa. Estaba a punto de hundir la mano en el corazón mismo de la fruta, cuando un dedo admonitorio lo paró en seco. Cuando el abuelo decía que no nadie osaba contradecirlo. Sujetó las manos al borde de la mesa, parecía un perrito a la espera del hueso. El anciano cortó un trozo generoso, lo colocó en un plato de lata todo abollado y se lo extendió.- Al patio – ordenó. El niño hubiera ido a la luna si con ello le daban permiso de engullirse su sandía.No era falta de alimento, no. Era una locura enfermiza por la fruta. En el verano, cada vez que el abuelo regresaba de alguna obra, el niño salía disparado a su encuentro buscando con la vista el preciado regalo. ¡Qué fiesta cuando la veía! Saltaba alrededor de la destartalada bicicleta a tal punto que en más de una ocasión provocó la caída del abuelo.
Esa tarde la ansiedad era tanta porque hacía mucho que el abuelo no le traía una sandía. Había traído melones, peras, duraznos, pero ninguna sandía.- Están verdes – decía – No son buenas. Hay que esperar – y si el abuelo decía que estaban verdes, nadie lo discutía. Lo que el niño desconocía era que su abuelo se tomaba mucho tiempo buscando la sandía que fuera merecedora del apetito de su nieto, y no la había encontrado, hasta ese día.
Tomó aire, tiró la cabeza hacia atrás y escupió la última semilla. Miró con detenimiento y una sonrisa de satisfacción le llenó el rostro: había llegado al otro lado del pequeño sendero que lindaba con la casa.- Dentro de poco tendrás tus propias sandías si sigues escupiendo las semilla – profetizó el abuelo- ¿De veras? ¿Crecerán sandías en el caminito? – el abuelo movió ligeramente la cabeza y el niño salió disparado hacia la cocina llamando a su madre a gritos para informarle de su nueva adquisición. La mujer salió secándose las manos en un delantal casi transparente de viejo.- Papá ¿por qué le miente así? Usted sabe muy bien que eso no es verdad – luego se dio vuelta y desmintió al abuelo frente al niño- ¡No! ¡Es verdad! ¡El abuelo dijo que crecerían! – y antes que nadie diga más, salió corriendo al patio del fondo. El abuelo sonrió y la mujer se metió adentro de nuevo renegando de su padre, de su hijo y del mundo, por si acaso.
En el gallinero, ahora ganado por las ratas, el niño había visto una lata. Revisó cada pedazo de cajón, revolvió los restos de paja hasta que por fin la encontró: era una herrumbrada lata de dulce de batata. Feliz como si hubiera encontrado un tesoro, volvió junto a sus amadas semillas, las frotó, una por una, contra su cuerpo para sacarles la tierra pegada, las puso en la lata y se las llevó al abuelo- ¿Cuántas salen? – el abuelo puso cara de sabio entendedor, se acomodó los lentes sobre la punta de la nariz y, con estudiada lentitud, las examinó una por una.- Unas diez – sentenció y creyó que sería bueno que el nieto supiera algo más de lo que estaba por cultivar, así es que continuó - Las sandías vienen del África tropical y se cultivan desde hace más de 4.000 años. Hay varias clases: reina, Fabiola, bebé de azúcar y panomia. Creo que estas son fabiolas – las miró más de cerca y confirmó su clasificación.
El niño estaba absorto, adherido a cada una de las palabras; para él su abuelo era el delegado de Dios. Nada ni nadie lo disuadiría de lo contrario, además, la primera vez que la mamá lo llevó a la iglesia había visto un retrato de Dios que era exacto a su abuelo: ambos tenían el pecho enorme, brazos y piernas fuertes, gesto adusto, cabellera blanca ondulada, manos generosas y esa cosa de sabio en la mirada. Volvió a mirarlo con adoración. Sí, no cabía duda: su abuelo era el representante de Dios ¿cómo podía dudar de su sabiduría? Con esa conclusión en mente empezó su huerta de sandías.
Todas las tardes, al regreso de la escuela, corría al patio del fondo a ocuparse de sus sandías. Las regaba, sacaba los yuyos que luchaban por ahogar la buena semilla, les hablaba porque en la escuela la maestra Elena había dicho que las plantas crecen más lindas y fuertes si se les habla y él quería unas hermosas y grandotas sandías, así que les hablaba hasta que las ratas salían de sus agujeros solo para ver si se callaba. El abuelo, tirado en su catre de lona debajo de los paraísos, seguía el proceso con un placer silencioso.- Ponele alambrado – mandó el abuelo – Así, el que vea sepa que la tierra, y lo que hay ahí, es tuyo – Esta fue la primer lección de capitalismo puro que recibió el niño. Otras vendrían después junto con los coscorrones del maestro Octavio, pero ninguna calaría tan hondo en su alma como aquella dictada por su abuelo.
Los días pasaban y la ansiedad del niño crecía como el polvaredal levantado por el viento norte.- ¿Cómo voy a saber cuándo tendré sandías? – encaró una tarde a su abuelo– Cuando veas una punta verde asomando donde plantaste tus semillas – fue la respuesta. Así que entre riego, desyuyada y charla, el niño espiaba buscando ese primer brote. La madre también miraba, pero su escepticismo no le permitía disfrutar el espectáculo del pequeño y sus sandías. Miró a su padre y, con un dedo de verdugo, dictaminó – Usted lo va a consolar cuando vea que no pasa nada – Pero, el abuelo sonrió como si supiera algo que nadie más.
El viento norte venía aflojando hacía varios días. Ya no levantaba polvaredas de cuatro o cinco metros como en pleno diciembre y las sandías no asomaban ni la nariz. El entusiasmo del pequeño iba decayendo igual que la fuerza del viento. Ese día apenas si les había prestado atención sentado en el piso de tierra, la cara apoyada en las manos y la mirada pedida casi como la esperanza.- No aflojes, te pasaste casi todo el verano trabajando tu tierra, no la dejes ahora cuando está por dar frutos – aconsejó el abuelo mientras que con las cejas le indicaba al niño que viera, él entendió la señal, giró la cabeza y …¡allí estaba, el primer brote!- ¡Mamá, mamá, tengo sandías, tengo sandías! – gritó enloquecido. La madre salió porque no entendía. Miró a su padre buscando una respuesta pero solo encontró esa sonrisa de sabio, de abuelo que no entra en sus calzones de orgulloso. El niño la tomó de la mano y a fuerza de tirones la llevó hasta el lugar del milagro. Era cierto, allí estaba un brotecito verde y debilucho, pero brote al fin. La vida del niño giró entorno a ese brote que fue creciendo y enroscándose como víbora, cada novedad era una fiesta, cada hoja nueva todo un acontecimiento. Hasta la madre permitió que el entusiasmo la contagie. Entonces asomó una pelotita verde oscuro que fue creciendo a la par del asombro del niño. Y llegó el gran día: la cosecha. Todas las tareas de la casa se pararon, el abuelo dejó su catre bajo el paraíso y la madre colgó su delantal. No hubo ni habrá funcionario público ni cura ni político que imponga mayor solemnidad a una ceremonia como la que impuso el niño para cosechar su sandía. No era grande ni pequeña, tenía la medida exacta de los brazos del pequeño, la colocó sobre la mesa de madera sin tratar, la misma que su madre usaba para matar gallinas (cuando había), tomó el machete y se lo dio al abuelo – No, m’ hijo, esta le toca a usted – el niño lo miró y la sonrisa le llenó los ojos, tomó el machete y cortó su primer sandía, el corazón rojo como la sangre se le mostró sin tapujos. Iba a tomar un trozo cuando recordó, miró a su abuelo y vio como lo autorizaba con una enorme sonrisa. Tomó el trozo pero en lugar de engullírselo, se lo ofreció, el abuelo probó el pedazo de sandía– La más dulce y suave de las que he probado en mi vida – dictaminó y en seguida invitó a su hija a que comprobara que no mentía. Miró a su nieto y el niño vio algo nuevo en los ojos del abuelo, años después descubriría que era orgullo– Muy bien hecho, muy bien hecho – dijo el abuelo - ¿Sabes por qué es tan dulce? – el niño se encogió de hombros – Por el esfuerzo, la fe y el amor que pusiste en lo que hacías, pero sobre todo por la fe. Todo se puede si se tiene fe – enseñó el abuelo. Esa fue su primer, y más importante, lección de vida. Y el abuelo no necesitó buscar más la mejor sandía para su nieto.

viernes, 28 de noviembre de 2008

AGRADECIMIENTOS

GRACIAS NENE (HERMANO MÍO) Y GRACIAS MARTITA POR EL ALIENTO, LAS PALABRAS DE APOYO Y EL EMPUJE, PERO, SOBRE TODO, POR LA PACIENCIA QUE ME TIENEN. UN BESO PARA TODOS

¡¡¡AAAAHHHH!!!!! LA FOTITO DE MI PERFIL (NO ES UN PERFIL MÍO ¿EH?) ES UNA ESCULTURA DE MI HERMANO MENOR, SERGIO ENRIQUE. SE LLAMA "LA MATERIA DE MIS DUDAS" . BUENO, NO OS IMPACIENTEIS, YA SUBIRÉ PARTE DE MI MATERIAL. DENME TIEMPO ¡¡LOCOO!!! ME LLEVÓ MÁS DE TRES HORAS DESCUBRIR CÓMO ABRIR ESTA VENTANITA OTRA VEZ ¡¡¡¡CCCHHHHEEEEE!!!!!

LOS QUIERO MUCHÍSIMO.
MÓNICA

jueves, 27 de noviembre de 2008

primeras palabras

Bueno, les comento que estoy de los pelos mientras escribo esto. Creo que nunca he estado tan nerviosa, aunque ...pensándolo bien... sí, lo he estado la primera vez que mandé un email, cada vez que entro a un cuarto oscuro a emitir mi voto ( siento el peso de la tremenda responsabilidad que me toca), cuando me dijeron que mi primer bebé venía con complicaciones, el día de mi casamiento... ¡En fin! Soy una histérica total, pero lo que realmente me pone de la cabeza es el hecho de saber que lo que ponga acá lo podrá leer cualquiera. ¿Es o no un poco delirante eso? Ya que salió el tema, ¿Por qué el rincón del delirante ? Porque yo soy así y creo que todos tenemos nuestros momentos de delirio ¿no? Entonces... comparatmos un poco y pasémosla bien.
Me gusta mucho escribir poesías y cuentos. Más adelante voy a presentar algunos en este espacio para que ustedes me digan si voy bien o no.
Hasta la próxima, nos vemos
Mónica